miércoles 17 de octubre de 2007

Desigualdades y salario ético II

Pablo Salvat
Director del Magíster de Ética Social y Desarrollo Humano de la U. Alberto Hurtado

Asi como el tema del salario ético –puesto por M.Goic-, pide interrogarnos sobre la existencia d e niveles importantes de desigualdad entre los chilenos, aun cuando ha habido un crecimiento económico importante en el país, y cómo esos diferenciales terminan afectando la posición de cada cual en cuanto al acceso a libertades, derechos, poderes, estima social y capacidades, la irrupción de la pregunta misma por un salario “ético” hace saltar de su sitio mas de alguna creencia que pasa por evidencia en el plano de las relaciones entre economía, política y sociedad. Al menos nos pide, esa intervención obispal, abrirnos a la discusión de los limites que pueden y deben guardar entre sí la marcha de la economía, la función de la política y el punto de vista de la propia sociedad.

Es decir, nos introduce a una cuestión bastante más complicada y profunda que linda con los límites y sentidos del mismo proceso d e modernización en curso. En este proceso, en buena medida asumido estos últimos años desde una - en apariencia- nebulosa ideología de lo técnico y lo natural, que representa en verdad la expresión del anarcoliberalismo, se han ido asumiendo algunos temas económicos y sociales como propios de una verdad cuasi teológica. Y claro, si usted señor lector y yo,con otros nos ponemos a reflexionar en la expresión misma de salario “ético”, de repetirla una par de veces o mas terminaremos, probablemente, mirándonos y diciendo pero… qué tiene que ver una cosa con la otra¡ Es decir, justamente lo que han afirmado varios, desde el Parlamento o fuera de él, de aquello demandado por M.Goic: no sabe de economía; es un gasfíter en estos temas – se decia en los años ochenta-; por favor, nada tiene que ver lo ético con lo salarial. O, también, lo ético no es producto de una co-determinación mancomunada - racional y deliberativa- según pareceres y puntos de vista , sino más bien, un subproducto de aquellos precios que fija el mercado, y punto. Los precios y/o valores que fija este cuasi sujeto llamado mercado son per se éticos, y viceversa.

Pero, porqué un salario habría de ser ético? Entonces volvemos a un tema recurrente: que tiene que ver lo económico, el modelo, con lo ético, entendido como justificación de normas o visiones d el bien en el plano de la vida en común ¿ Aquí es donde salta la liebre. Si M.Goic hubiese hablado solamente de que hay salarios bajos o inadecuados, no se habría armado tal barullo. Pero dijo salario “ético”, y entonces encendió el polvorín que parecía tan adormilado en el cultivo de ciertas verdades que pasan por canónicas. El salario tendría que ser ético porque dejado a la pura espontaneidad del intercambio nadie se hace responsable de cómo resulte la distribución de los bienes y derechos, individuales y sociales. El mercado no seria ni justo ni injusto, sino a-moral; estaria más allá del bien y el mal. Eso es lo que al parecer quieren decirnos los adalides tout court del actual modelo económico. Y si ello es así, entonces el lugar que ocupe cada cual; los resultados que para cada cual tenga su inserción en el mercado es un asunto individual, particular, azaroso, imponderable, del que nadie puede hacerse co-responsable: unos ganan, otros pierden. Lo cual se aviene muy bien –por lo demás-, con la idea liberal de que el elemento básico de la sociedad es el individuo, concebido como un átomo, racional y maximizador. Gira en torno a sus propios intereses y busca su mayor rendimiento. Es la guerra de todos contra todos bajo ciertas reglas, y que, como en toda guerra, conlleva triunfadores y perdedores. Y sabrá cada quien en qué bando le ha tocado estar. La interiorización de este punto de vista está quizá a la base de la extrañeza por la conexión entre lo salarial y lo ético. Con lo cual, se abre la discusión hacia otro punto importante y complejo: la autonomización de la esfera económica tanto de los juicios –ético-morales-, como de la razón política democrática, y los eventuales límites de esta situación: una cosa es la economía, otra cosa es la ética ( claro, y otra la política). Y sin embargo, en cuanto personas y ciudadanos intuimos que el salario sí tiene que ver con lo ético, si esta última expresión se relaciona también con el valor de la vida, con las posibilidades d e vida; de una vida digna para todos. Un salario no-ético seria aquel que justamente impide una vida digna para cada uno que trabaja a lo largo y ancho del país. O, que impide la autorrealización de cada quien según sus planes de vida. Es decir, uno que reduce la libertad a mera libertad formal. Un salario ético ( es decir, justo) será aquel que nos permitiera pasar de la libertad formal al ejercicio de una libertad “real”. Pero nuestros neoliberales rechazarán que deba darse una intervención pública bajo criterios normativos en la dimensión de la economía, criticando por ejemplo, el derecho a aliarse entre sí y a reclamar o reinvindicar que tienen los trabajadores. La política y lo público sólo tienen que ocuparse de los derechos individuales y su garantía. No hay derechos “sociales”, entre los cuales se encontraría el derecho a percibir un salario más o menos justo o ético, es decir, uno que fuese capaz de llevar adelante una vida humana digna. De nuevo, una cosa es la economía, otra la política y otra, los trabajadores. Y,claro, en cierto sentido llevan razón en lo que afirman con tanta convicción si por ejemplo le damos crédito a un M.Weber cuando afirmaba que “ la economía de mercado como tal constituye la relación social práctica mas despersonalizada que pueda haber en el trato de unos hombres con otros. Allí donde el mercado funciona espontáneamente sólo se tiene en cuenta a las cosas, nunca a las personas: desaparece cualquier sentimiento de fraternidad y hasta de piedad, en eso consiste justamente la libertad de mercado libre, en carecer de cualquier norma ética”. El problema es que el supuesto liberalismo político pretende obviar estas implicancias del liberalismo económico, al naturalizarlo, y por lo tanto, al ir contra esa facultad humana esencial que es el poder hablar y actuar en conjunto sobe todos aquellos aspectos y dimensiones que tienen que ver con las posibilidades de una vida digna en común . Desde este punto de vista esta muy cerca de derivar en autoritario y tiránico incluso, por cuanto “la tiranía está caracterizada por la impotencia de los sujetos, que han perdido su facultad humana de actuar y hablar juntos” (H.Arendt). No es poca cosa entonces lo que ha destapado M.Goic con su -en aparencia-, inofensiva interrogación y afirmación

(Artículo publicado por primera vez el día 27 de agosto de 2007 en el diario La Nación)